
(proverbio mahometano)
No tenemos muchos textos serios que demuestren que las mujeres en la antigüedad clásica celebraban orgías al aire libre, desnudas y al amparo de la noche. En principio sería considerada una práctica totalmente contraria al estado normal de reclusión bajo el que vivían estas mujeres. Incluso algunos de sus festivales estaban limitados a una zona particular de la polis.
Diodoro cuenta que en muchos estados griegos las mujeres se reunían cada dos años y que a las muchachas solteras se las permitía tomar el tirso y formar parte de las cabalgatas de los mayores. Esta afirmación sería confirmada por varias inscripciones procedentes de distintas partes de Grecia.
Estos festivales se celebraban en Tebas, Opos, Melos, Pérgamo, Priene, Rodas, Arcadia, Creta... Pero obviamente dependiendo del lugar el carácter del festival cambiaba. ¿Incluían las orgías de tipo extático como las que describe Diodoro? ¿Y las danzas nocturnas de la montaña?
Estos ritos son descritos en las Bacantes de Eurípides y al parecer se han seguido practicando por sociedades de mujeres hasta los tiempos de Plutarco.
En Mileto, la sacerdotisa de Dioniso conducía a las mujeres a la montaña. La alusión literaria más antigua que conocemos está en el Himno Homérico a Deméter. El ritual se desarrollaba de noche en mitad del invierno, lo cual no solo podía producir bastante incomodidad sino también ciertos riesgos para la salud y la integridad física.
Pausanias decía que en Delfos las mujeres subían hasta la cima del Parnaso y Plutarco narra una ocasión en la que precisamente quedaron incomunicadas por una tormenta de nieve y tuvieron que ser rescatadas.
¿Cuál era el objetivo de estos ritos?
Por un lado se puede decir que eran danzas conmemorativas de las ménades pero tienen una profunda raíz psicológica. Ya que por unos días o unas horas se convertían en mujeres salvajes olvidando completamente su personalidad humana y por consiguiente su limitado rol en la sociedad.
Una tradición délfica recogida por Plutarco sugiere que el rito producía una perturbación de la personalidad pero no tenemos fuentes suficientes que lo demuestren. Lo que sí sabemos es que la danza ritual provoca experiencias religiosas profundas en distintas culturas.
Es un profundo en el que la persona se entrega a sí misma. Puede bailar hasta caer agotada y además es un acto contagioso. La voluntad de bailar se apodera de la persona sin el permiso de su mente consciente. La posesión puede acabar en desnudez y en otros actos colectivos.
Durante los siglos de la locura danzarina que recorrió Europa (s.XIV al s.XVII) muchas jóvenes abandonaron a sus familias para seguir a los bailarines de poblado en poblado.
En Italia apareció una manía en el siglo XVII que incluía también a los ancianos. Lo dionisiáco no entiende de edad...
En Alsacia encontramos la creencia en los siglos XV y XVI de que la locura danzante podía provenir de una maldición. Aún así la danza ha sido la cura a la locura en muchas sociedades.
Estos festivales antiguos eran una válvula de escape para la tensión mental femenina. Dioniso era el San Juan o el San Vito de nuestros tiempos. Causa la locura para dar libertad. Si rechazamos a Dioniso estaríamos reprimiendo la parte más elemental de nuestra propia naturaleza. Y eso nos llevaría al colapso. La danza concilia la mente con el instinto.
Las ménades sacudían su largo cabello hacia los lados, hacia arriba y hacia atrás. Como Casandra al ser poseída. Es el gesto que todos reconocemos en la mal llamada histeria religiosa. Llevan fuego y no se queman. Saltan carbones ardientes y hogueras.
Otro elemento muy presente en este tipo de danzas era la manipulación de serpientes. Es uno de los animales en los cuales el dios puede manifestarse. En el culto más primitivo de Sebazio y en el culto báquico de Macedonia la serpiente participaba en forma viva representando la unión sexual del iniciado con el dios.
El acto de hacer pedazos a un animal o tragar la carne cruda cayó en manos morbosas de algunos Padres de la Iglesia pero vemos aún retazos de esos cultos cuando los pueblerinos quieren tirar a la cabra del campanario. Es un acto horrible que bien pudo verse refinado en la comunión cristiana.
Dionisos fue despedazado de niño y devorado, es una simple ecuación de magia simpática. La sangre es vida. En otros tiempos, como en época de Plutarco lo que se despedazaba y comía era la hiedra. La homofagia era un sacramento en el que Dios se hacía presente.